La familia del jugador patológico o ludópata por:

IRENE TENIAS

La ludopatía o juego patológico se define como un tipo característico de déficit en el control del impulso de jugar que implica con frecuencia un deterioro en los niveles de adaptación del individuo en distintas áreas importantes de su vida: social, laboral, personal, familiar, de ocio y tiempo libre, económica… La característica principal del jugador la constituye la pérdida de control o pérdida de habilidades para dejar de jugar. Cuando en el núcleo familiar existe una persona con problemas de juego todos e incluso el entorno más cercano se pueden ver afectados por las consecuencias nefastas que supone esta adicción.

CONSECUENCIAS FAMILIARES

La ludopatía es una enfermedad que arrastra también a la familia, hasta el punto que, al igual que las personas que juegan, pasa por las siguientes fases:

FASE DE NEGACIÓN - La familia cree que es algo pasajero y de escasa importancia. Esta negación puede mantenerse durante años, sobre todo si se añade el hecho de que las personas que juegan son expertas en la mentira y el engaño.

FASE DE ESTRÉS - Llegan las dificultades económicas, las ausencias del/la jugador/a y el juego empieza a interferir de forma importante en la vida familiar. Los primeros intentos de ayuda suelen consistir en facilitar recursos económicos. Cuando la familia descubre que no consigue controlar el juego, aparecen sentimientos de frustración, desamparo y resentimiento. La vergüenza que ocasiona tener un miembro con esta problemática, hace que la familia encubra al enfermo y oculte el problema.

FASE DE AGOTAMIENTO -La familia entra en una etapa de desesperación, en la que se siente angustiada, confusa, resentida y agotada tanto física como mentalmente. Empieza a pedir ayuda a personas cercanas y recibe consejos que no le resultan eficaces para resolver el problema. Los familiares (las esposas, maridos, hijos o padres), sufren distintas alteraciones derivadas de la enfermedad de su allegado y de la presión social. Los problemas más frecuentes son: aislamiento del enfermo, ya no participa en decisiones y actividades familiares por tanto ya no existe comunicación, desaparece dinero en casa, mentiras, incremento de deudas, aumento de las  discusiones familiares, falta de diálogo, explosiones de ira o síntomas depresivos, alteraciones del sueño y deterioro de las relaciones sexuales. Estos problemas pueden conducir a una ruptura de la pareja…

QUÉ HACER ANTE ESTA SITUACIÓN

Todos los miembros del sistema familiar sufren mucho cuando tienen un ludópata en casa., pero los familiares no deben avergonzarse de tenerlo bajo su mismo techo se trata de un enfermo que no sabe que lo está. Hablar sobre el problema de juego suele ser incómodo tanto para enfermo, como para su familia, pero es necesario hacerlo si queremos afrontar el problema. Estas son algunas recomendaciones que pueden resultar útiles:

  • Buscar un lugar tranquilo donde se pueda hablar sin interrupciones. Intentando hablar desde la sinceridad y claridad., transmitiendo al/la jugador/a que le quiere y que está preocupado por su comportamiento.
  • Informarle sobre las consecuencias de su comportamiento en los demás (poniéndole ejemplos concretos, deudas familiares, pérdida trabajo, ausencia de comunicación…)
  • Comunicar de forma clara lo que espera de él/ella (“yo quiero que consultes con un profesional este problema”), expresando la opinión, los sentimientos y preguntando las dudas.
  • Permitir que él o ella pueda expresarse, haciendo un esfuerzo por escucharle de forma activa y sin juzgarle.
  • Trasmitirle su disposición a ayudarle, dándole información acerca de dónde buscar ayuda profesional.

PAUTAS A SEGUIR POR LA FAMILIA  MIENTRAS SE BUSCA AYUDA PROFESIONAL

Un/a ludópata no controla el gasto de dinero cuando juega e incluso tiene dificultades en el manejo y control de su economía. Por ello las primeras medidas a adoptar para evitar  que aumente el endeudamiento son:

• Dificultar el acceso al dinero: no manejo de tarjeta de crédito, realizar cartillas mancomunadas…

• Asignarle una cantidad de dinero diaria que le permita cubrir sus gastos.

• Acompañarle cuando tenga que hacer un pago en metálico o si tiene que pagar alguna deuda.

• Apoyarle para que informe de su problema a aquellas personas que le han dejado dinero o le están dejando.

Resulta necesario destacar aquí la importante labor que realizan muchas familias buscando ayuda para el enfermo y apoyándolo en los momentos duros. En muchos casos si no fuera por el apoyo familiar y social la rehabilitación resultaría casi imposible.  

Cuando los familiares descubran un problema de juego en la familia, deben buscar ayuda profesional. A lo largo de todo el territorio español existen muchas asociaciones de autoayuda que conocen cómo abordar el problema de forma profesional ayudando al  enfermo y a sus familias  en el proceso de deshabituación del juego, dotándole de estrategias que les ayuden a conseguir tener una vida plena lejos del juego.

Motivación para el tratamiento por:

CRISTINA PRADOS | PSICÓLOGA Y ASESORA TÉCNICA DE CAARFE

21.04.2015. Una característica presente en los trastornos adictivos es la NEGACIÓN DE LA ENFERMEDAD. Las personas con trastorno por dependencia tienden a negar, o al menos a minimizar, el consumo de sustancias, a atribuirlo a exageraciones o malas intenciones de los demás, o adoptar una actitud de autosuficiencia, intentando aparentar que dominan de la situación. No es raro por tanto que sean los familiares o amigos del “enfermo” los primeros que acuden en busca de soluciones y que el interesado se niegue a hacerlo al no reconocer el problema.

La búsqueda de soluciones por propia iniciativa del interesado es poco frecuente, menor aún en el caso de personas jóvenes y que no presentan una clara dependencia física de la sustancia. Igualmente, encontramos personas que acuden inicialmente a las asociaciones, pero que abandonan prematuramente la asistencia a las terapias.

motivación La ingesta abusiva de sustancias tóxicas genera en la persona alteraciones graves como conductas inadecuadas, fracasos continuos, reproches por parte de los demás, déficits de autoestima… Una vez que el consumo se ha convertido en un problema, admitirlo y buscar ayuda no es fácil debido a la falta de reconocimiento de la dependencia y a las ventajas inmediatas que se obtienen con la ingesta de esta sustancia.

En la mayoría de las ocasiones los “enfermos” acuden a las asociaciones por presiones externas, es decir, por problemas médicos, dificultades con la justicia o forzados por su familia o entorno laboral, sin interés real por un cambio en su vida. Por ello, la motivación para el tratamiento es el motor del cambio y la pieza fundamental del éxito en un proceso de abstinencia y rehabilitación. No se trata únicamente de la motivación inicial, sino de la motivación necesaria para mantener los cambios en el estilo de vida.

            Los pasos en la aceptación del tratamiento por parte de una persona con trastorno por dependencia son:

 a) La sustancia se ha convertido en un problema y, por ello, es preciso un cambio.

 b) La persona no es capaz de hacerlo por sí mismo sólo, si no que necesita una ayuda externa.

 c) Las nuevas pautas de comportamiento y el nuevo estilo de vida supone un esfuerzo inicial, requiere una vigilancia activa y precisa un adecuado nivel de seguimiento.

 

La persona va a estar realmente motivada cuando llega a percibir que los inconvenientes de seguir consumiendo superan a las ventajas de hacerlo. Según Prochaska y Di Clemente (1983), la motivación para el cambio consta de diversas fases:

1/ Falta de conciencia del problema. El enfermo se encuentra en una fase amotivacional en la que no se percata del alcance de su problema porque no lo vive como tal. Las ventajas de la dependencia a la sustancia superan con creces a los posibles inconvenientes que puedan aparecer de vez en cuando.

2/ Valoración del problema. La persona está pensando en el cambio (fase de reflexión), al menos en ocasiones, pero no está dispuesto a hacerlo de momento. En este caso no se está interesado en modificar el estilo de vida, porque los inconvenientes de la situación actual no los percibe tan fuertes como para justificar el esfuerzo del cambio.

3/ Decisión de cambiar: La persona está lista para cambiar (fase de determinación) porque los inconvenientes de la vida actual son claramente superiores a los beneficios obtenidos. Es el momento en el que inician los pasos adecuados para el mantenimiento de la abstinencia sin las presiones externas.

4/ Inicio del cambio. La persona está realizando cambios (fase de acción) con arreglo a las prescripciones terapéuticas.

5/ Mantenimiento del cambio. El enfermo incorpora a su repertorio de conductas (fase de mantenimiento) los cambios aprendidos. Estas nuevas conductas pueden estabilizarse, lo cual lleva un cierto tiempo o verse afectadas por recaídas.

La transición de la fase de reflexión a la fase de determinación puede demorarse en el tiempo, incluso de forma indefinida, bien por ambivalencia y autoengaño, bien por temor al esfuerzo que todo cambio entraña. Lo cierto es que los familiares tienen un papel muy importante a la hora de aumentar su motivación o acelerar el paso entre fases. Se trata de dejar de protegerle y encubrirle, mostrar firmeza y exigirle que tome sus responsabilidades en el tratamiento, sin dejar de acompañarle y ofrecerle apoyo durante todo el proceso. Los trastornos por dependencia de sustancias afectan a todos los miembros de la familia, que a su vez pasan también por diferentes fases en la admisión y aceptación del problema y la enfermedad, por lo que la recuperación total del enfermo supone un proceso familiar, no individual.

Día sin alcohol por Jesús Lasheras

El alcohol sigue circulando libremente. España sigue siendo un autentico paraíso del alcohol. Los turistas prefieren nuestro suelo a la hora de pasar las vacaciones. Sol y güisqui a precio de saldo, y por eso nos llaman “la bodega de Europa “. Intereses de cara al turismo o a las exportaciones de nuestros licores han impedido que se tomen en serio los riesgos que el alcohol tiene para la salud. Se habla mucho de limitaciones pero con el alcohol se permite todo.

Si lo que deseamos es vivir en un mundo mejor, es necesario que lo hagamos con entusiasmo. Nunca será mejor la sociedad de lo que somos los individuos que la formamos. Pensar otra cosa es engañarse. Cuando el bienestar y la felicidad esperamos nos llegue de otros estamos perdiendo el tiempo. Nunca lo conseguiremos.

Desde la ciencia y la investigación se están dando las voces de alarma ante el peligro que supone tanto el consumo abusivo de alcohol, como el consumo dependiente, pero la solución a esta situación pasa por un trabajo multifactorial, instituciones, empresas, sindicatos, padres, educadores, jóvenes y mayores, hombres y mujeres.

Los últimos datos facilitados por nuestro Gobierno de Aragón nos indican que algo no va bien. Los jóvenes siguen bebiendo más que en otras comunidades.

La persona debe tener la cordura suficiente para evitar todo lo que sea nocivo, pero la sociedad tiene la obligación de informar y atender a las personas que se encuentran en situación de riesgo. Prevenir la enfermedad y atender al enfermo.

El enfermo no debe sentirse solo, debe saber que otras personas desean ayudarle, acompañarle y comprenderle.

las ha pasado. Por eso insistimos, conocemos las consecuencias por haberlas vivido en propia carne, y deseamos que otros no caigan en esa profunda sima de la dependencia del alcohol. Conocemos como se puede salir y como se puede ayudar. Aunque existan muchas dificultades entendemos que el éxito en la vida no está en vencer siempre, sino en no desanimarse nunca.


Fdo. Jesús lasheras  

Presidente de la federación de Aragón de alcohólicos rehabilitados.