Un miércoles creo recordar fue el primer contacto con la asociación, eran las veintiún horas, la conversación empezó. “Soy alcohólico llevo diecisiete años sin beber “esas palabras dichas por el mismo presidente de la asociación en Ejea, no sé qué produjeron en mi mujer, pero en mi produjo una sensación de pánico y malestar. El motivo era que por circunstancias sabidas la mayoría que acudimos es obligada y no voluntaria.

En mi caso era un ultimátum después de haber pasado por un sinfín de circunstancias problemáticas que iban a destruir mi familia. ¿Sin yo darme cuenta? O por lo contrario era consciente de ello y vivía en completa indiferencia, apatía, malestar con todo y conmigo mismo.

Pánico, si, pues en mi fuero interno esa conversación era un paso más para capear las circunstancias ¿Yo alcohólico? No, me controlare, haré todo lo necesario para poder salir de la situación, engañare y mentiré, pero cuando pase una temporada y las aguas vuelvan a su cauce, seguiré bebiendo moderadamente ¡Alcohólico yo no!

Lejos quedan esos pensamientos tras haber acudidoperiódicamente

A la asociación. Lo más duro fue reconocer, mejor dicho aceptar que soy alcohólico, un enfermo que necesita ayuda médica , pero mucho más importante ayuda de personas que han pasado el mismo calvario, pero muy gratificante el día a día , esperando el próximo lunes , para decir a mis compañeros de la asociación lo más importante ¡Otra semana sin beber alcohol!

No era dueño de mi vida, pues mi vida con el alcohol era existir simplemente un vegetal, soledad, miedos, pasividad, mentiras, engaños solo para conseguir tus propósitos sin pensar en los demás sobre todo de tus seres queridos. Que se puede pensar de quien arobado la hucha de sus hijos y gastado sin control por la mezquindad del alcohol. ¿Podrán confiar después de todo esto?

Hoy en este espacio pequeño de tiempo, vivo y soy dueño de mi vida. No tengo que engañar ni mentir a mi familia ni a mi mismo.

Doy gracias al apoyo de mi esposa. Doy gracias encarecidas a la asociación alcohólicos rehabilitados de Ejea, su junta y demás miembros, pido perdón porque fui escéptico en un principio sin considerar la gran labor y el bien hacer de las cosas.

Podría decir muchas más cosas, simplemente la asociación de Ejea alcohólicos rehabilitados es mi segunda familia o mi nueva cuadrilla de amigos. En los que poder confiar y encontrar refugio, calor y lo más importante ayuda para mi dependencia con el alcohol.

Gracias: Javier

Pequeño resumen, de la vida de un ludópata y su familia.

Yo soy mujer de un ludópata, nuestras vidas han sido un infierno, mi marido viene de familia ludópata, su padre y hermanos, son adictos al juego, máquinas tragaperras, barajas, loterías etc… En su casa lo ha visto desde niño.

La vida del ludópata es oscura, egoísta, cerrada a los demás muy solitaria por dentro, no piensa en nadie más que en él, ni en padres, ni en hijos, ni mujer. “SOLO EN EL”.

Pasan de todos y de todo, se meten en un mundo irreal, te engañan, te mienten, hasta ellos mismos se creen sus propias mentiras, hacen lo imposible, lo increíble para sacar dinero pata jugar y beber porque en la mayoría de los casos las dos adicciones van juntas. No se cual de las dos va la primera “si bebe y le lleva a jugar o juega y bebe para olvidar”.

En este caso yo creo que no pasa mucha pena por el alcohol, pero su obsesión y su vida era el bar.

Llega a un punto, después de muchos años, te das cuenta que aquí pasa algo, lo ves más raro, mentiroso, no quiere ni le conviene hablar, pone excusas para no estar en casa.

Te pones a pensar e indagas y vas descubriendo las cosas que hace en su vida, oculta para mí. No quieres creerlo, no puedes creerlo, es imposible, que nos haga esto a mi y a sus hijos, pero te das cuenta que así es la cruda realidad. Conforme lo vas descubriendo, él lo niega todo, llega hasta intimidar para salirse con la suya en todo momento, los cómplices, “la verdad es que tiene muchos”, le han comprado cosas, le han dejado dinero, le han ayudado a falsificar cantidades increíbles, para que él tuviera dinero para sus adicciones.

“No se porque, si ellos tenían alguna ganancia.”

También hubo personas buenas, que sin ellos darse cuenta los estaba utilizando para hacer sus trapicheos, con ellos fui contrastando pruebas increíbles y me dijeron: “tu marido esta mal.” Ellos fueron los que me abrieron los ojos, ojos de la cruda realidad que me resistía a creer.

Yo me puse fatal, me sentía, engañada, traicionada, me cayo el mundo encima, estaba hundida, sola, impotente y no veía salida, traicionada por mi propio marido, en el que más o menos confiaba, pero lo que nunca hubiera imaginado, esto tan fuerte.

Fueron momentos de nuestra vida muy dolorosos.

“Mi solución” estaba muy dolida y no quería seguir estando con él.

Él al descubrirle, se veía acabado, solo, porque nos iba a perder a todos, se puso desquiciado, buscaba culpables en los demás, ponía excusas y pretextos. Estábamosdescubriendo parte de las cosas que había hecho y decía: yo no tengo la culpa, yo no he hecho nada:”seguía negándolo.”

Entonces fue cuando decidimos pedir ayuda,”la encontramos” la teníamos en la puerta de casa y no la veíamos. “LA ASOCIACION”

Unas personas rehabilitadas que han pasado por una adicción y sus familias que también han pasado por una situación parecida a la mía.

Son personas, que desinteresadamente, restándoles horas a su trabajo normal y a su vida familiar, ofrecen su tiempo a los demás, hablándonos, ayudándonos a todos sin excepción alguna, obteniendo muy buenos resultados.

“GRACIAS ASOCIACION”

Estas líneas llevan muchos años de sufrimiento. Me gustaría quealguna persona que la leyese le sirviera de ayuda y decidiera dar el paso que dimos nosotros.”Merece la pena”

Si estuviese en mis manos, quitaría de todos los bares, esas “MAQUINAS TRAGAPERRAS”, que tanto se dejan ver y oír, con sus colores, luces y música que enloquecen a algunas personas y les arruinan la vida.

Ganancias de unos, destrucción de otros.

“Lo intentamos solos, pero no pudimos.

GRACIAS.M. A.

Ejea de los Caballeros,

Nos han ofrecido la posibilidad de explicamos por escrito en la nueva revista de alcohólicos rehabilitados de la comarca.

Soy un padre que un buen día se le fueron todas las dudas que podía tener sobre su hijo, ¿Sé drogaba o no?, había tenido señales clarísimas para haber visto que sí, como que a veces le temblaban las manos, la convivencia se deterioraba más y más, todo que ganaba se lo gastaba, que es un problema superior a lo normal para levantarse de la cama por la mañana y que el desorden crece de tal manera, por lo general, que parecen que no tienen control de sí mismo y que quieren, sí, pero no pueden enderezar su rumbo.

Podemos reaccionar de muchas maneras, cada uno es un mundo, pero sí me atrevo a decir con toda claridad que estamos ante nuestro hijo que es un enfermo, y como tal tenemos que tratarlo. Si hasta aquí hemos sufrido probablemente vamos a sufrir muchísimo más, bastante más, dependiendo del estado de la enfermedad, ósea del grado de deterioro que se encuentra su voluntad. ¿Qué hacer?, primero busquemos ayuda en personas con experiencia. Si le queremos ayudar a salir de ese pozo sin fondo, quién mejor que aquellos que estuvieron en esa situación y que pensaban YO CONTROLO, Y CUANDO QUIERO SALGO DE ESTO. Estas personas saben mucho mejor que nadie en qué estado están y su propia vivencia les da las palabras justas para ayudarles a ver el problema que tienen. También cuanto antes vayamos al médico especialista, mejor, no olvidando que son enfermos.

Les podemos ayudar sí, las armas que podemos usar los familiares son amor y tenacidad en sacarles de ese pozo o río, más o menos caudaloso, antes de llegar al mar.

Hay que tensarles la cuerda al máximo, pero tratando de Que no se rompa, se tiene que enterar de que no estamos dispuestos a dejarle hacer lo que quiera, que si él sufre nosotros también y que si él es feliz nosotros también.

Para terminar quiero decir que las reuniones que hacemos los familiares una vez a la semana me parecen muy positivas, escuchando las mismas cosas con diferentes matices, exponemos nuestras dudas, nuestras inquietudes, nuestros deseos, y nos damos cuenta que nos encontramos con un grupo de personas que nos van a entender y nos sentimos inmediatamente arropados y consolados, haciéndoles sentir a nuestros enfermos que para nosotros sus problemas son nuestros también y que queremos sentir j unto a ellos.

Cuando vuelvan a tener el control de su voluntad la alegría y el orgullo de que ahora sí que están fuera de ese pozo sin fondo o de ese río que tarde o temprano se les iba a tragar.